jueves, 17 de marzo de 2011

Cardenal Cisneros en Alcalá

Fray Francisco Jiménez de Cisneros, franciscano, nació en Torrelaguna (Madrid) el año 1436, y murió en Roa (Burgos) el 8 de noviembre de 1517. Reformador, prelado y gobernante. De padres hidalgos (Alfonso Jiménez y María de la Torre), procedentes de la villa de Cisneros (provincia de Palencia). Destinado a la carrera eclesiástica, realiza sus primeros estudios en Roa, al lado de un tío clérigo, y en Alcalá de Henares, en el Estudio Viejo anejo al convento de los franciscanos. Hace estudios universitarios en Salamanca, culminando con el grado de bachiller en Derecho que le capacitaba para aspirar a cargos administrativos civiles y eclesiásticos y a los más pingües beneficios de la Iglesia. Con propósito de entrenarse en la administración eclesiástica y encontrar mejor fortuna, se dirige a Roma, de donde regresa pronto a España por imperativos familiares.
El 22 de enero de 1471 es nombrado por Paulo II arcipreste de Uceda, con sorpresa y desagrado del arzobispo de Toledo, D. Alfonso Carrillo. A esta decisión llegaba el pontífice al ser informado por el mismo Cisneros de una grave infracción de la jurisdicción eclesiástica hecha por su antecesor Pedro García de Guaza. Cisneros defendió tenazmente su derecho al arciprestazgo contra la oposición del arzobispo, siendo, por este motivo, sancionado con largos años de cárcel por el turbulento prelado. Termina su dura prisión logrando, al parecer, su intento. Pero, ante el temor de otras represalias, decide, con la protección del cardenal González de Mendoza, pasar al obispado de Sigüenza en donde es nombrado capellán mayor en 1480.


Cisneros es ya un hombre maduro, hecho al sufrimiento y a la reflexión. Siente inquietud interior y en 1484 da un viraje radical a su vida. Descubre su vocación al retiro y decide hacerse franciscano de la Observancia. Recibido en la Orden, probablemente en el convento de San Juan de los Reyes (Toledo), recientemente edificado por los Reyes Católicos, cambia su nombre de pila -Gonzalo- por el de Francisco y pasa a vivir en los conventos de El Castañar y La Salceda, herederos de la espiritualidad de Pedro de Villacreces. Transcurren diez años de entusiasmo en la soledad eremítica, que en 1492 se ve comprometida por su elección para confesor de la reina Isabel.


Muy contra sus propósitos, totalmente orientados a la vida de retiro, se ve ascendido a las dignidades eclesiásticas. En la primavera de 1494 es elegido vicario provincial de los franciscanos de Castilla. El 20 de febrero de 1495, por una decisión personalísima e inusitada de la Reina, es creado arzobispo de Toledo, ante la sorpresa general. Tras los primeros momentos de vacilaciones que sus amigos, por encargo especial de la reina, procuran disipar, prepara un amplio programa de renovación para su Iglesia e, incluso, para toda la provincia toledana. Con objeto de llevarlo a cabo, obtiene amplias facultades de Alejandro VI, reúne sínodos diocesanos en Alcalá (1497) y Talavera (1498), promulga nuevas constituciones inspiradas por criterios pastorales, organiza una serie de visitas a los arciprestazgos y dicta importantes prácticas para la mejor realización de la cura de almas, claramente precursoras de las leyes tridentinas que regulan la vida pastoral.





Al propio tiempo dirigía y promovía la reforma de los religiosos españoles, especialmente de su Orden Franciscana. Alejandro VI le encomendaba el 5 de julio de 1495 la visita y reforma de los religiosos de su diócesis, el 26 de diciembre de 1496 lo constituía visitador de los franciscanos españoles, y el 1 de septiembre de 1499 lo nombraba visitador y reformador de las Ordenes Mendicantes en España. Se preocupó especialmente de la reorganización y fortalecimiento interno de las Congregaciones de Regular Observancia, de la superación del conventualismo y de la dotación económica y adecuada dirección espiritual de los monasterios femeninos reformados, los cuales, por disposición de Alejandro VI, deberían depender en adelante de la parte reformada de su respectiva Orden. Su esfuerzo renovador se dirigió principalmente a las casas religiosas castellanas, pero llegó también a los religiosos aragoneses.


Desde noviembre de 1499, siguiendo consignas de los Reyes, dirigió personalmente una campaña de evangelización de los moros granadinos. El método seguido para presionar a los moros a aceptar el bautismo -dádivas, castigos, amenazas, etc.-, entonces muy corriente y hasta justificado teóricamente, y, especialmente, su eficacia inmediata, provocaron tumultos y levantamientos en Granada y en las Alpujarras. Cisneros, que vivió muy de cerca los sucesos, relata en sus cartas esta experiencia misional que él creía comparable a la de la primitiva Iglesia. Las conversiones se produjeron a miles, llegando la fama hasta el papa, que felicitó a Cisneros.




Pero estas experiencias eran para Cisneros fugaces. Cada vez iba alejándose más de la vida pastoral directa. Alboreaba el siglo XVI con dolorosos presagios: guerras en Andalucía y en la frontera pirenaica, enfermedad y muerte de su regia penitente Dña. Isabel, con los inevitables cambios en el panorama político castellano.


Desaparecida la reina Isabel, Cisneros siguió apoyando al regente D. Fernando. Tras discusiones y divergencias entre D. Fernando y Felipe I, se llegaba, por mediación de Cisneros, a la Concordia de Salamanca de 24 de septiembre de 1505, claramente favorable al aragonés. Don Felipe fallecía el 25 de septiembre de 1506, agravándose todavía más el ya tenso ambiente castellano.


Se constituyó inmediatamente una Regencia presidida por Cisneros, a quien Dña. Juana concedió amplias atribuciones. La labor del arzobispo mira ahora a mantener el orden amenazado por las facciones nobiliarias y a acelerar el retorno a Castilla de D. Fernando. Éste, en recompensa, le agenció el capelo cardenalicio (17-V-1507) y le encomendó la dirección de la Inquisición (15-VI-1507). Desde entonces la presencia de Cisneros se hace insoslayable en el escenario político castellano.


Mientras D. Fernando realiza sus obras maestras de política europea, Cisneros concentra sus esfuerzos en las conquistas africanas, para las cuales tenía proyectos de largo alcance. Financia en 1507 la conquista de Mazalquivir. Dirige personalmente en 1509 la conquista de Orán. Y sigue de cerca las expediciones de los siguientes años en las cuales no puede colaborar tan directamente por intrigas urdidas en la Corte. Los nuevos territorios conquistados son organizados eclesiásticamente y Orán, tras una enojosa disputa entre Cisneros y el franciscano fray Luis Guillén, pasa a ser colegiata de la diócesis toledana.


Al morir el Rey Católico, Cisneros queda constituido Regente por disposición testamentaria (23-I-1516), no obstante los manejos contrarios del partido flamenco, que apoyaba las pretensiones de Adriano de Utrecht, futuro Adriano VI, y del séquito del infante D. Fernando, hermano de Carlos V. Éste hubo de aceptar la decisión de su abuelo, si bien su ministro Chievres envió al lado de Cisneros hombres de su confianza (Adriano de Utrecht, La Chaulx, Amerstoff) que fiscalizasen el gobierno del arzobispo. Pero la energía y sagacidad del cardenal logró superar las oposiciones y gobernar solo. Se situó en Madrid, el punto geográfico más estratégico para el control del Reino castellano.


Hubo de enfrentarse durante la Regencia con graves problemas de orden interno y externo. Aparecieron brotes de insumisión en Baeza, Úbeda, Cuenca y Burgos, graves controversias dinásticas y pleitos entre D. Pedro Girón y D. Juan Alonso de Guzmán, entre el duque de Alba y la villa de Huéscar y, sobre todo, una peligrosa oposición nobiliaria capitaneada por el condestable de Castilla, el conde de Benavente y los duques de Medinaceli, Alburquerque e Infantado. La energía y destreza del Regente logró mantener el orden y superar las insidias que se le hacían desde Bruselas en donde trabaja por la causa cisneriana su fiel amigo y embajador D. Diego López de Ayala. Instrumento de orden y disuasión de toda clase de revueltas había de ser la Gente de Ordenanza, milicia ciudadana permanente que Cisneros logró organizar, no obstante la viva oposición de la ciudad de Valladolid, a la que secundaban Burgos y León. Con estas sabias medidas y la dispersión de algunos intrigantes consejeros del infante D. Fernando, preparó a Carlos V la sucesión en los reinos hispánicos.


En el exterior fue varia la fortuna de la Regencia. El intento navarro-francés de devolver el trono a Juan de Albret fue contenido enérgica y certeramente. Las tropas castellanas al mando del veterano capitán Fernando de Villalba desbarataron el ejército enemigo en las gargantas de los Pirineos. El duque de Nájera pasó a ocupar el cargo de virrey de Navarra. Se destruyeron algunas fortalezas que podrían servir de baluarte para futuros levantamientos.







No fue tan afortunada la acción del Regente contra los corsarios africanos que infestaban las costas españolas y las posesiones del Norte de África. Horuc Barbarroja, con su coraje proverbial, se paseaba victorioso por el Mediterráneo. Bugía resistió sus ataques. El Peñón, Melilla y Arcila se sostuvieron con dificultad. Argel estaba gravemente amenazada, sobre todo desde que una flota castellana al mando de Diego de Vera sucumbía en 1516 a un ataque de Barbarroja. Cisneros no pudo ya contar nuevos triunfos en su preferido escenario norteafricano.


La organización de los nuevos territorios americanos fue otra de las vivas preocupaciones del Regente. A partir de 1500 había promovido diversas expediciones de misioneros, especialmente franciscanos (1500, 1502, 1508, etc.), llegando incluso a desprenderse de sus más íntimos colaboradores, como fray Francisco Ruiz, que partieron como misioneros a las Antillas. Se creaban por entonces las primeras sedes episcopales y Cisneros se cuidó, por su parte, de la organización de los religiosos destinados a la vanguardia misionera. En 1516, intentando encontrar una solución para el problema de las encomiendas, vivamente discutido en España y América, envía a las Antillas a tres religiosos jerónimos (Bernardino de Manzanedo, Luis de Figueroa y Alonso de Santo Domingo) con instrucciones muy precisas para la reorganización de los poblados indios y de la administración de los nuevos territorios. El estudio y discusión de estos problemas continuará durante los años posteriores a la Regencia.


Además de asceta, reformador y político, Jiménez de Cisneros fue un genial creador y mecenas de instituciones y obras culturales y científicas, de corte renacentista. La Universidad de Alcalá de Henares es la más excelsa de sus creaciones en este campo. Comenzada el 14 de marzo de 1498, pudo ya abrir sus aulas en 1508. Su cabeza era el Colegio Mayor de San Ildefonso, cuyo director era ipso facto rector de la Universidad. A su lado estaba la colegiata de los Santos Justo y Pastor ampliamente reorganizada y dotada por Cisneros para que constituyese un centro de vida sacerdotal modelo. El cuadro debería completarse con la creación de un crecido número de colegios mayores y menores -18 en total-, plan que no pudo realizarse en vida del cardenal.


Inspirándose en la Universidad de París, de la cual procedía la mayor parte de los primeros profesores complutenses, se propuso convertir Alcalá en una academia humanístico-teológica, fragua de una Teología renovada al contacto directo con las fuentes en sus textos originales. Se concedía amplia libertad a las opiniones, dando albergue generoso a las tres escuelas más en boga: tomismo, escotismo y nominalismo.


Obras.- El programa humanístico y teológico preconizado por el cardenal necesitaba un esfuerzo editorial previo de textos sagrados y profanos. La primera gran empresa cisneriana en este sentido fue la Biblia Sacra Polyglota, llamada Complutense, considerada la obra más representativa del Renacimiento Español. La realización corrió a cargo de un equipo de humanistas, filólogos y orientalistas que trabajó directamente sobre los textos originales, sirviéndose de los códices que Cisneros pudo reunir. Se publicó en seis volúmenes que ofrecen paralelamente los textos originales griego, hebreo y caldeo, con traducción latina interlineal y un diccionario hebreo con su correspondiente gramática (vol. VI). La impresión fue encomendada a Guillén de Brocar, resultando un espléndido monumento tipográfico. Cisneros tuvo la alegría de ver terminada esta obra que fue el sueño de su vida. Otros planes similares de ediciones de textos clásicos y teológicos se quedaron en proyectos porque la vida de Cisneros no dio margen para nuevas empresas de esta envergadura.


Junto con estas ediciones se realizaron también, gracias al mecenazgo del cardenal, muchas otras de literatura espiritual, obras nacionales o extranjeras a través de las cuales se difundía y arraigaba sólidamente en España la literatura bajo-medieval de la mística renana y de la Devotio Moderna.


Al lado de estas grandes realizaciones cisnerianas, podrían colocarse muchas otras de menor categoría. De ejemplo podrían servirnos sus numerosas obras benéficas, tan desconocidas; 12 iglesias, ocho monasterios, cuatro hospitales y un elevado número de obras de caridad y beneficencia, estrellas menores en ese luminoso firmamento en que brillan las grandes obras de Cisneros.


La muerte le sorprendió en plena acción y lucidez en Roa (Burgos) cuando se dirigía al encuentro del nuevo rey Carlos I, el 8 de noviembre de 1517. Los rumores entonces originados y ampliamente difundidos posteriormente sobre un supuesto envenenamiento y la pretendida ingratitud de Carlos I hacia Cisneros no pasan de ser vulgares infundios que rechaza el más elemental sentido histórico. Cisneros dejó tras de sí una imperecedera fama de asceta y santo que le granjeó la admiración y veneración de los españoles. Su causa de beatificación, iniciada en la sede toledana en 1530 y llevada con gran calor a lo largo del s. XVII, no pudo coronarse con la elevación de Cisneros a los altares. Las objeciones elevadas contra ella carecen hoy de valor. Se trata sobre todo de interpretaciones de sucesos inspiradas por criterios muy circunstanciales.


jueves, 17 de febrero de 2011

Camino de Santiago

Historia.


El camino de Santiago ha significado en la historia europea el primer elemento vertebrador del viejo continente. El hallazgo del sepulcro del primer apóstol mártir, supuso encontrar un punto de referencia indiscutible en el que podía converger la pluralidad de concepciones de distintos pueblos ya cristianizados, pero necesitados en aquel entonces de unidad.
Conscientes de la importancia que suponía tener una reliquia como los restos de Santiago el Mayor para sus intereses militares –necesitaban guerreros y dinero en su lucha contra los moros, las monarquías españolas colaboraron activamente en el éxito del camino santo.
Los soberanos de Aragón, Navarra y Castilla se esforzaron por atraer a sus dominios a gentes ricas y poderosas de otros países, por lo que utilizaron todos los medios a su alcance para seducirlos. Intercambios de presentes, política de matrimonios y proclamación de los favores que otorgaba el Apóstol si uno iba a visitar su sepulcro. La creencia cada vez más extendida en los milagros de Santiago provocó que la gente comenzara a peregrinar hacia Santiago de Compostela para obtener su gracia.
El primer peregrino conocido fue Gotescalco, obispo de Puy, el año 950, en unión de una importante comitiva; más tarde recorrería el camino Raimundo II, marqués de Gothia, quien sería asesinado en el trayecto, y un siglo después visitaría la tumba del apóstol el arzobispo de Lyon. Y junto a estos peregrinos ilustres caminaron creyentes de todas las condiciones, cada vez en mayor número.
El camino de Santiago ha ido unido indisociablemente a la cultura, a la formación y a la información. Cuanto se decía, predicaba, contaba, cantaba, esculpía o pintaba en el camino alcanzaba siempre a más gente y a más lugares. Gracias a su influjo en el arte y la literatura, Compostela junto con Jerusalén y Roma se convirtió en meta de la sociedad cristiana, especialmente a partir del siglo XI al XIV. El camino, fenómeno peregrinatorio jacobeo, llegaría a ser un foco catalizador de toda la sociedad cristiana.

miércoles, 26 de enero de 2011

Biografía de Juan Pablo II

Karol Józef Wojtyła, conocido como Juan Pablo II desde su elección al papado en octubre de 1978, nació en Wadowice, una pequeña ciudad a 50 kms. de Cracovia, el 18 de mayo de 1920. Era el más pequeño de los tres hijos de Karol Wojtyła y Emilia Kaczorowska. Su madre falleció en 1929. Su hermano mayor Edmund (médico) murió en 1932 y su padre (suboficial del ejército) en 1941. Su hermana Olga murió antes de que naciera él.






Fue bautizado por el sacerdote Franciszek Zak el 20 de junio de 1920 en la Iglesia parroquial de Wadowice; a los 9 años hizo la Primera Comunión, y a los 18 recibió la Confirmación. Terminados los estudios de enseñanza media en la escuela Marcin
Wadowita de Wadowice, se matriculó en 1938 en la Universidad Jagellónica de Cracovia y en una escuela de teatro.

Cuando las fuerzas de ocupación nazi cerraron la Universidad, en 1939, el joven Karol tuvo que trabajar en una cantera y luego en una fábrica química (Solvay), para ganarse la vida y evitar la deportación a Alemania.

A partir de 1942, al sentir la vocación al sacerdocio, siguió las clases de formación del seminario clandestino de Cracovia, dirigido por el Arzobispo de Cracovia, Cardenal Adam Stefan Sapieha. Al mismo tiempo, fue uno de los promotores del "Teatro Rapsódico", también clandestino.



Tras la segunda guerra mundial, continuó sus estudios en el seminario mayor de Cracovia, nuevamente abierto, y en la Facultad de Teología de la Universidad Jagellónica, hasta su ordenación sacerdotal en Cracovia el 1 de noviembre de 1946 de manos del Arzobispo Sapieha.

Seguidamente fue enviado a Roma, donde, bajo la dirección del dominico francés Garrigou-Lagrange, se doctoró en 1948 en teología, con una tesis sobre el tema de la fe en las obras de San Juan de la Cruz (Doctrina de fide apud Sanctum Ioannem a Cruce). En aquel período aprovechó sus vacaciones para ejercer el ministerio pastoral entre los emigrantes polacos de Francia, Bélgica y Holanda.

En 1948 volvió a Polonia, y fue vicario en diversas parroquias de Cracovia y capellán de los universitarios hasta 1951, cuando reanudó sus estudios filosóficos y teológicos. En 1953 presentó en la Universidad Católica de Lublin una tesis titulada "Valoración de la posibilidad de fundar una ética católica sobre la base del sistema ético de Max Scheler". Después pasó a ser profesor de Teología Moral y Etica Social en el seminario mayor de Cracovia y en la facultad de Teología de Lublin.

Además de participar en el Concilio Vaticano II (1962-1965), con una contribución importante en la elaboración de la constitución Gaudium et spes, el Cardenal Wojtyła tomó parte en las cinco asambleas del Sínodo de los Obispos anteriores a su pontificado.

Juan Pablo II ejerció su ministerio petrino con incansable espíritu misionero, dedicando todas sus energías, movido por la "sollicitudo omnium Ecclesiarum" y por la caridad abierta a toda la humanidad. Realizó 104 viajes apostólicos fuera de Italia, y 146 por el interior de este país. Además, como Obispo de Roma, visitó 317 de las 333 parroquias romanas.


Para ver la biografía entera entrar en esta página:
http://www.vatican.va/news_services/press/documentazione/documents/santopadre_biografie/giovanni_paolo_ii_biografia_breve_sp.html

miércoles, 19 de enero de 2011

Mi nombre es Khan.

Ayer fuimos a ver una película en el Teatro Salon Cervantes que la verdad estuvo muy interesante. Las diferentes religiones, por un lado el chico que es musulmán y la mujer que es indhú. Y aunque sean de diferentes religiones consiguen estar juntos, porque es un amor verdadero. Por lo tanto hay mucha tolerancia, aunque por otro lado por el atentado de las Torres Gemelas todas las personas se vuelven en contra de los musulmanes, aunque ellos no tuvieran la culpa.

Hay es donde llega el conflicto de el hijo de Mandira. Todos los de su colegio le tratan mal, y al final ocurre una desgracia cuando unos chicos se meten con el y acaba muriendo.

En ese momento vemos una intolerancia tremenda, y a partir de ahi la Mandira no puede soportar el dolor, y en su corazón solo cabe el odio. Que es otra de las cosas que esta película nos quiere enseñar. Pero sobre todo, la enseñanza que nos quieren dar es que el amor lo puede todo. Por eso Khan cuando su mujer le dice que le diga al presidente que no es un terrorista, es capaz.Por amor. Y por amor lo consigue. Es más, por un programa de televisión, todo el mundo se hace eco de su historia.

También en esta historia, aparte de el amor, el odio y la tolerancia, es el perdón. Mandira es capaz de perdonar a su marido, es capaz de separar el odio que tiene en su corazón y perdonar. Pero sobre todo, es cuando el amigo del hijo de Khan, no puede aguantar más el dolor, la angustia de saber que no ha dicho la verdad y confiesa. Y aunque Mandira no es capaz de perdonarle en ese momento, su madre sí que lo hará. Porque por palabras suyas "es una madre".

El perdón es algo muy importante, y en la iglesia tenemos un sacramento referido a eso. El de la penitencia.

Aquí dejo el trailer de la película:

miércoles, 12 de enero de 2011

Los cristianos perseguidos

Ciudad del Vaticano - El Papa está preocupado por la suerte de los cristianos perseguidos, que a menudo son minoría sometida a discriminación, pero se interesa en la libertad religiosa y en el respeto de todas las personas, dijo hoy Federico Lombardi.

Con estas palabras el director de la sala de prensa del Vaticano respondió a una polémica suscitada la víspera en Egipto a raíz de la condena de Benedicto XVI a un atentado cometido contra una iglesia cristiana en Alejandría que dejó unos 21 muertos.

El domingo, al finalizar el rezo del Angelus en la Plaza de San Pedro, el líder católico calificó el ataque, perpetrado durante la misa de año nuevo, como un “vil gesto de muerte” que “ofende a Dios y a toda la humanidad”.

Más tarde el jeque Ahmed El- Tayyeb, gran imán de Al Azhar y una de las máximas figuras del islamismo sunnita, calificó como “una intervención inaceptable en los asuntos de Egipto” las palabras del obispo de Roma.

“El Papa naturalmente manifiesta su solidaridad con las comunidades cristianas golpeadas, que son minoría a menudo sometida a discriminación, sino que se preocupa de la libertad religiosa y del respeto de todas las personas humanas”, declaró Lombardi a la televisión italiana.

miércoles, 8 de diciembre de 2010

Dogmas

Un dogma (del griego δογμα, a su vez de δοκειν, dokein, "parecer") indica una creencia, doctrina o proposición sobre cuya verdad no se admiten dudas. Si bien los clásicos la emplearon para referirse en general a las afirmaciones de una persona o escuela, su uso contemporáneo está principalmente restringido a los principios que una religión afirma y cuyo acatamiento exige de todos los fieles.


El primer uso registrado en este sentido se remonta al Concilio de Jerusalén, y se conserva en el texto de Hechos 16:4, donde designa las instrucciones que el primer Concilio ecuménico dirigió a los protocristianos. En los textos de los Padres de la Iglesia el término pasó a indicar los preceptos instituidos por Jesús de Nazaret o por los apóstoles. De la escolástica data la distinción entre dogmas divinos, enseñados directamente por Jesús, apostólicos, enseñados por los apóstoles, o eclesiásticos, instituidos por concilios o papas posteriores.

De acuerdo a la doctrina contemporánea de la Iglesia Católica Romana, un dogma es una proposición de fe o de moral revelada por Dios, transmitida por la tradición apostólica, y propuesta formalmente por la Iglesia a los fieles, sea por la autoridad papal, por un concilio o simplemente por el magisterio ordinario de la sucesión apostólica de los obispos. La creencia en los dogmas de fe es condición indispensable para la pertenencia a la Iglesia cristiana; de acuerdo al principio de extra ecclesiam nulla salus ("no hay salvación fuera de la Iglesia"), se considera que la aceptación integral de los dogmas contenidos en el Catecismo es indispensable para la salvación del alma.

Los dogmas incluyen tanto la doctrina explícitamente presente en el texto de la Biblia como la contenida en la Tradición y formalizada por la enseñanza eclesiástica (Magisterio). Los artículos del Credo, la infalibilidad del Papa, la Inmaculada Concepción de María o la transubstanciación de la hostia y el vino en la misa son ejemplos de dogmas de la segunda clase.
Ésta es una lista incompleta pero representativa de las proposiciones que la Iglesia Católica considera dogmas de fe:

Dogmas sobre Dios:

Dios existe;
La existencia de Dios es objeto de fe;
Dios es único y eterno;
Dios es uno y trino;
Dogmas sobre Jesús
Jesús es verdadero Dios, consustancial al Padre, e hijo de Dios;
Jesús poseyó las dos naturalezas, humana y divina, sin transformarse o mezclarse;
Cada una de las dos naturalezas en Jesús poseyó una propia voluntad física y una propia operación física;
Jesús se inmoló en la cruz como verdadero y propio sacrificio;
Jesús rescató y reconcilió al hombre con Dios por medio del sacrificio de su muerte en la cruz;
Al tercer día después de su muerte, Jesús resucitó de entre los muertos;
Jesús subió en cuerpo y alma a los cielos y está sentado a la diestra de Dios Padre;

Dogmas sobre la creación :

Todo cuanto existe fuera de Dios ha sido creado de la nada por Dios en cuanto a la totalidad de su sustancia;
El mundo fue creado en el tiempo;
El mundo es conservado por la voluntad divina;
Dogmas sobre la Iglesia
La Iglesia fue fundada por Jesús;
Jesús instituyó a Simón Pedro como primero entre los apóstoles y como cabeza visible de toda la Iglesia, confiriéndole inmediata y personalmente el primado de jurisdicción;
El Papa posee la plena y suprema potestad de jurisdicción sobre toda la Iglesia, no solamente en cosas de fe y costumbres, sino también en la disciplina y gobierno de la Iglesia;
El Papa es infalible siempre que habla ex cathedra;
La Iglesia es infalible cuando define en materia de fe y costumbres;

Dogmas sobre María :

María fue concebida libre de pecado (la Inmaculada Concepción);
María fue verdaderamente madre de Dios;
María ascendió en cuerpo y alma a los cielos;
María fue virgen antes, durante y después del parto;
Dogmas sobre la naturaleza humana
El pecado de Adán se propaga a todos sus descendientes por generación, no por imitación;
El hombre caído no podía redimirse a sí mismo;
El hombre consta de dos partes esenciales: el cuerpo material y el alma espiritual;

Dogmas sobre los sacramentos:

El bautismo es un verdadero sacramento instituido por Jesús;
La Confirmación es verdadero y propio sacramento;
La Iglesia ha recibido de Cristo la potestad de perdonar los pecados cometidos después del bautismo.
La confesión sacramental de los pecados está prescrita por Dios y es necesaria para la salvación;
La eucaristía es verdadero sacramento instituido por Jesús;
La unción de los enfermos es verdadero y propio sacramento instituido por Jesús;
El orden sacerdotal es un verdadero y propio sacramento instituido por Jesús;
El matrimonio es un verdadero y propio sacramento instituido por la ley mosaica y confirmado por Jesús;
Dogmas sobre el más allá (novísimos)
Existe el paraíso, que consiste en la visión de Dios;
Existe el infierno, que consiste en el castigo del alma y el cuerpo;
Existe un purgatorio, donde los muertos en pecado venial purgan sus culpas antes de acceder al paraíso;
Jesús regresará para dar fin a este mundo;
Todos los muertos resucitaran con sus cuerpos en el último día
Jesús juzgará a muertos y vivos y los enviará al infierno o al paraíso según su justicia.

Inmaculada Concepción


La Inmaculada Concepción de María es el dogma de fe que declara que por una gracia singular de Dios, María fue preservada de todo pecado, desde su concepción.
Como demostraremos, esta doctrina es de origen apostólico, aunque el dogma fue proclamado por el Papa Pío IX el 8 de diciembre de 1854, en su bula Ineffabilis Deus.



"...declaramos, proclamamos y definimos que la doctrina que sostiene que la beatísima Virgen María fue preservada inmune de toda mancha de la culpa original en el primer instante de su concepción por singular gracia y privilegio de Dios omnipotente, en atención a los méritos de Cristo Jesús Salvador del género humano, está revelada por Dios y debe ser por tanto firme y constantemente creída por todos los fieles..."(Pío IX, Bula Ineffabilis Deus, 8 de diciembre de 1854)


-La Concepción: Es el momento en el cual Dios crea el alma y la infunde en la materia orgánica procedente de los padres. La concepción es el momento en que comienza la vida humana.
Cuando hablamos del dogma de la Inmaculada Concepción no nos referimos a la concepción de Jesús quién, claro está, también fue concebido sin pecado. El dogma declara que María quedó preservada de toda carencia de gracia santificante desde que fue concebida en el vientre de su madre Santa Ana. Es decir María es la "llena de gracia" desde su concepción.


-La Encíclica "Fulgens corona", publicada por el Papa Pío XII en 1953 para conmemorar el centenario de la definición del dogma de la Inmaculada Concepción, argumenta así: «Si en un momento determinado la Santísima Virgen María hubiera quedado privada de la gracia divina, por haber sido contaminada en su concepción por la mancha hereditaria del pecado, entre ella y la serpiente no habría ya -al menos durante ese periodo de tiempo, por más breve que fuera- la enemistad eterna de la que se habla desde la tradición primitiva hasta la solemne definición de la Inmaculada Concepción, sino más bien cierta servidumbre»


-Fundamento Bíblico:
La Biblia no menciona explícitamente el dogma de la Inmaculada Concepción, como tampoco menciona explícitamente muchas otras doctrinas que la Iglesia recibió de los Apóstoles. La palabra "Trinidad", por ejemplo, no aparece en la Biblia. Pero la Inmaculada Concepción se deduce de la Biblia cuando ésta se interpreta correctamente a la luz de la Tradición Apostólica.
El primer pasaje que contiene la promesa de la redención (Genesis 3:15) menciona a la Madre del Redentor. Es el llamado Proto-evangelium, donde Dios declara la enemistad entre la serpiente y la Mujer. Cristo, la semilla de la mujer (María) aplastará la cabeza de la serpiente. Ella será exaltada a la gracia santificante que el hombre había perdido por el pecado.

Solo el hecho de que María se mantuvo en estado de gracia puede explicar que continúe la enemistad entre ella y la serpiente. El Proto-evangelium, por lo tanto, contiene una promesa directa de que vendrá un redentor. Junto a El se manifestará su obra maestra: La preservación perfecta de todo pecado de su Madre Virginal.


En Lucas 1:28 el ángel Gabriel enviado por Dios le dice a la Santísima Virgen María «Alégrate, llena de gracia, el Señor está contigo.». Las palabras en español "Llena de gracia" no hace justicia al texto griego original que es "kecharitomene" y significa una singular abundancia de gracia, un estado sobrenatural del alma en unión con Dios. Aunque este pasaje no "prueba" la Inmaculada Concepción de María ciertamente lo sugiere.
El Apocalipsis narra sobre la «mujer vestida de sol» (Ap 12,1). Ella representa la santidad de la Iglesia, que se realiza plenamente en la Santísima Virgen, en virtud de una gracia singular. Ella es toda esplendor porque no hay en ella mancha alguna de pecado. Lleva el reflejo del esplendor divino, y aparece como signo grandioso de la relación esponsal de Dios con su pueblo.